El pensamiento modifica la salud


Por increíble que parezca, un mal pensamiento nos puede enfermar y uno bueno, curar.

Esto es comprensible imaginando nuestra dinámica mental como lo que científicamente comprobado y demostrado es: pura actividad electro-química.

Nuestras neuronas se intercomunican formando redes de conexiones que dan lugar a lo que conocemos como “pensamientos”;

y cuando nuestro cerebro ha perseverado en ellos concibiéndolos según su tipo: alegres, agresivos, críticos, etc.., el hipotálamo, (la gran central química procesadora cerebral) los convierte en hormonas (péptidos) vinculados al mismo tipo de pensamiento que estamos teniendo; lo que conocemos como “emociones”.

Nuestro hipotálamo es la gran central química de nuestro organismo, el procesador que convierte los pensamientos en hormonas o péptidos.

 

Dichos péptidos segregados o emociones, se mezclan en nuestra sangre reaccionando y viajan por ella transmitiéndonos lo que llamamos “sensaciones”. Por eso nos sentimos alegres, tristes o inquietos como respuesta a nuestros pensamientos.

Desgraciadamente la mayoría de las personas desconoce la maquinaria bioquímica y no puede controlar que esas sustancias cuando están vinculadas a pensamientos destructivos (estrés, desconfianza, preocupación…) funcionen perjudicialmente en nuestro organismo: nuestro hipotálamo reaccionará ante ellos, irá generando una química que en exceso es nociva para nuestro sistema inmunológico.

Representación en 3D de la formula molecular de un péptido segregado por el hipotálamo con sus 12 aminoácidos

 

Su reincidencia es enfermedad segura. Y es que nuestro organismo comienza a avisarnos de que le resulta imposible sincronizar con el ritmo exterior, y va liberando toxinas que casi sin que lo apreciemos nos afectan a la mente trastornando nuestro carácter y con ello nuestra actitud (si es con seres queridos, proyectándoles el mal humor; y en ambientes contenidos como puede ser el laboral, acrecentando la tensión interna).

 

Así, “Doña Enfermedad” ya está preparada y con sus guantes recién ajustados para saltar al ring.

Debemos centrarnos en el proceso inverso: los pensamientos positivos producen hormonas endorfinas placenteras que transmiten calma, tranquilidad, etc., fortaleciendo nuestras defensas y aumentando nuestra calidad de vida.

Y ahora que lo sabemos y somos conscientes de ello, reflexionemos, calmémonos y pensemos positivamente…”nos va la vida en ello”.